En Cuba, revolución rima con represión

Elizabeth Burgos

Lunes, 17 de noviembre de 2008

Dada la relación mimética que existe entre el régimen venezolano y el cubano, vale la pena recordar una de las técnicas más crueles de represión que el castrismo desarrolló en la isla contra los sectores religiosos, los jóvenes rebeldes, los homosexuales. Se trata de las UMAP (Unidades Militares de Ayuda la Producción), campos de trabajos forzados donde fueron concentrados, y sometidos a trabajos forzados: jóvenes, sacerdotes, testigos de Jehová y cuanta categoría se negara a abrazar las creencias de la ideología impuesta por el régimen o practicara una creencia que se sustentara en la no violencia, el rechazo al uso de las armas y por ende, sumarse a la campaña de militarización de la sociedad a la que fue sometida la población de la isla tras la toma del poder por el castrismo. También estaban incluidos entre los prisioneros aquellos que violaran las normas “revolucionarias” de la vestimenta y adoptaran la “moda capitalista” (en aquel entonces se trataba de los pantalones con pata de elefante, las mini faldas, llevar el pelo largo, o escuchar música de los Beatles.) Las UMAP fueron creadas en el mes de noviembre de 1965, y hoy la Asociación UMAP conmemora este mes de noviembre en Miami, el 43 aniversario de la creación de estos campos de trabajos y a la vez, honra la memoria de quienes víctimas de los malos tratos perecieron durante su cautiverio en los campos de trabajo. Esta novedad en el campo de la represión se debió al surgimiento de una naciente rebelión contra el régimen, principalmente, en el seno de la juventud. Rebelión que no era de tipo político, ni violento, sino, ante todo, de tipo cultural, de estilo de vida, de creencias independientes de las del régimen.

La idea originaria fue la de enviar a las UMAP a los sacerdotes católicos jóvenes a realizar tareas de producción a cambio del servicio militar. El carácter represivo del proyecto se reveló rápidamente cuando se realizó una selección entre los sacerdotes y se privilegió el envío a los campos de trabajos a aquellos sacerdotes que gozaban de mayor influencia entre los feligreses y jóvenes Rápidamente el régimen justificó las UMAP con el argumento de destinarlos a quienes eran considerados como la “escoria” de la sociedad que compartían su suerte con ministros religiosos, seminaristas , personas que habían solicitado su salida de país. Pero en quienes se centró particularmente la persecución fue entre los homosexuales. El machismo exacerbado que el régimen exigía como norma de conducta, no admitía a quienes no se les consideraba como hombres “verdaderos“.

Se desencadenó una caza de brujas hacia los homosexuales. Se decidió eliminarlos de actividades profesionales, en particular del sector cultural, y de universidades en donde fueron objetos de grandes purgas. Se les realizaba juicios públicos para que confesaran sus “vicios” y se les forzaba a renunciar.

Un gran número de escritores y artistas vivieron la experiencia de las UMAP, como también numerosos sacerdotes y Testigos de Jehová, y, jóvenes que por razones religiosas o ideológicas se negaban a realizar el servicio militar. También los abogados que tuvieron la osadía de asumir la defensa de acusados de delitos contrarrevolucionarios, igualmente experimentaron la experiencia de las UMAP.

Los prisioneros de la UMAP sometidos a trabajos forzados en el campo realizaban jornadas de trabajo de sol a sol, y se les sometía a constantes vejaciones físicas y verbales. El propósito del gobierno era “reformar” a quienes consideraba “desviados sociales” mediante la disciplina militar; ésta se traducía por un régimen de maltratos, subalimentación, aislamiento. Un régimen semejante al que se le aplicaba a los esclavos, lo que de hecho significó que el régimen castrista reactualizara el sistema de esclavitud que imperaba en la isla hasta bien entrado el siglo XIX y con los mismos fines pues se trataba de incrementar la producción, pues se trataba de unidades utilizadas en tareas económicas. Al igual que en el pasado los esclavos, los prisioneros vivían en barracas miserables, en campos rodeados de alambradas de púas, muchas veces electrificadas, y vigilados por guardianes y perros.

La rudeza de los trabajos condujo a muchos hasta a auto-mutilarse. Aquellos que se negaban a tocar las armas, se les enterraba hasta la cintura, para impedirles moverse y se les amarraba un fusil debajo del brazo. Otra tortura, consistía a marrarlos desnudos de un palo con alambres de púas en medio del patio a pleno sol, de noche, para que los picaran los mosquitos.

Las protestas en la propia Cuba, incluso en el seno de la jerarquía del régimen, llevaron a cerrar las UMAP en 1967. Pero el sistema de represión política continúa hoy vigente y las UMAP fueron sustituidas por otras prisiones militares. La más famosa es la de “El Pitirre”, destinada a los militares en donde se practicaba toda clase de torturas, y “todo tipo de experimento”, según el general Rafael del Pino, héroe de Playa Girón por haber bombardeado los barcos que transportaban las tropas de cubanos que se disponían a invadir la isla, hecho que significó el fracaso de la invasión, y que desertó en 1987.

En la actual fase de la dictadura el régimen optó por la construcción de prisiones en toda la isla con el objeto de diseminar los prisioneros y así evitar concentraciones masivas de presos que podrían constituir un “peligro”.

La persecución por razones ideológicas ha suscitado un déficit grave de profesionales; muchos han abandonado la isla, o prefieren trabajar como chóferes de taxi para los turistas, por lo que hoy Cuba no puede hacer frente a la urgente necesidad de producir alimentos, toda vez que mantiene sin cultivar la mitad de sus tierras útiles e importa más del 80% de los alimentos que consumen sus 11,2 millones de habitantes. Para poner en marcha la producción agrícola debe enfrentar el déficit de 3.000 agrónomos y veterinarios que se han ido a otros empleos en busca de mejores salarios y condiciones.

Estas son las consecuencias de una política orientada hacia el mesianismo faraónico, el desprecio de la economía. Sin riesgo de equivoco, se pude afirmar que el único verdadero logro de la revolución cubana es su sistema represivo.

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