Carlos ya no es El chacal

Elizabeth Burgos

Domingo, 30 de mayo de 2010

El 19 de mayo se presentará fuera de competencia en el Festival Internacional de Cannes, la película Carlos. Un tríptico de 5h30 que narra el itinerario del venezolano Ilich Ramírez que se distinguió por su participación en operaciones de tipo terrorista que tuvieron una fuerte repercusión durante los años setenta, ochenta, por su espectacularidad, como fue la toma de rehenes en la embajada de La Haya, o en la conferencia de la OPEP en Viena, (1975) y que hoy cumple cadena perpetua en Francia por el asesinato de dos oficiales de policía franceses y de un informante de la misma. Al personaje de Ilich Ramírez la prensa le acuñó el calificativo de “El Chacal” por la reputación de violencia que lo caracterizaba ante la opinión pública. Pero en los últimos tiempos se ha operado un cambio muy sensible hacia su persona por parte de esos mismos medios, que ahora demuestran un interés particular por el personaje cuyas acciones violentas parecen haberse diluido en la memoria y ya han pasado a adquirir la forma de una construcción próxima a la ficción romanesca. Y ello se refleja, sobre todo, en el hecho de que han substituido el calificativo de “El Chacal”, por “Carlos”, su seudónimo de guerra más conocido que se hizo célebre, cuando realizó el secuestro de los miembros de la OPEP irrumpió en el recinto declinando su identidad: “Me llamo Carlos”. Luego la fotografía que recorrió el mundo, en donde se le ve en el aeropuerto de Argel, entregando a los rehenes de la OPEP, a las autoridades argelinas, vestido de negro y en la cabeza, una gorra negra a la manera de Che Guevara y una barba, para acentuar el parecido con el “guerrillero heroico”. El apelativo de “El Chacal” expresaba el horror que despertó en su momento el personaje de Ramírez en Francia, país particularmente golpeado por la ola de terrorismo desencadenado en los años setenta por los grupos cercanos a los movimientos palestinos, apoyados por gobiernos del Medio Oriente y por Cuba.

La realización de la película tuvo su origen, – precisamente por el interés que ha suscitado últimamente el personaje de “Carlos” en los canales de televisión -, en un encargo que le hizo Canal Plus al realizador Olivier Assayas. El canal estaba interesado en principio en la historia de la captura de “Carlos” en Sudán y su traslado a Francia, lo que hubiese resultado un típico documental tipo film policíaco de suspenso. Pero Olivier Assayas se apasionó por la historia, y logró algo absolutamente excepcional en estos tiempos de crisis, y sobre todo, de parte de un canal de la televisión francesa más bien avara en cuanto a producción se refiere, montar un proyecto de 5h30, con un presupuesto de 14 millones de euros. Contó con la colaboración del escritor Dan Franck, y del periodista Stephen Smith que dedicó dos años de investigación histórica a la preparación de la película. El rodaje duró siete meses y se desarrolló en el Medio-Oriente, Gran Bretaña, los Países Bajos, Francia, Alemania, Austria, Hungría. El realizador ha declarado, que más allá del personaje de “Carlos”, lo que más le ha interesado es narrar la historia de esa fase del terrorismo que se desarrolló durante los años 70-80 en Europa y en el Medio Oriente. La trayectoria de “Carlos” es la trayectoria de la época de antes de la caída del Muro de Berlín.

En declaraciones publicadas en el periódico Le Monde, (11.09.09) durante el rodaje, el realizador opinó que con el personaje de Carlos “estamos lejos de la visión romántica de la lucha armada que apoyaban los grupos revolucionarios europeos. Se trata de un asesino a sangre fría, un macho latino fascinado por las armas y su propia virilidad. En muchos aspectos, es repugnante y patético”.

Hoy Assayas se muestra menos radical en su apreciación, seguramente las razones comerciales no son ajenas a ese cambio, y es necesario despertar la empatía y no el rechazo hacia el personaje clave de su ficción. En una entrevista realizada recientemente por J.M. Frodon (blog.slatefr/projection publique) declara que si Carlos tiene la reputación que tiene en Francia “es por haber matado a los dos oficiales de policía franceses desarmados en la calle Touillier”. “Su intención es de comprender lo que sucedió en la vida de Carlos, y no de diabolizar a nadie. Si no hubiese asesinado a los dos oficiales franceses, Carlos sería hoy un personaje que llevaría la aureola de quien realizó la extraordinaria (sic) operación de l’Opep en Viena” (ya no se mencionan los 3 muertos que dejó esa operación). “Existen terroristas peores que él, que han cometido muchos más crímenes, comenzando por Anis Naccache, que vive tranquilamente en Beirut y Teherán y es consultante en geopolítica por los canales de televisión islamistas. Cuando tiene mucha más sangre en las manos que Carlos”. Con Carlos “Se trata de alguien que tiene convicciones, à partir de las cuales se producen los desvíos”. Y continúa explicando su propósito de ir más allá de las simplificaciones, ya que “la gran mayoría de ciudadanos mantiene una relación de ficción con la realidad, a partir de simplificaciones mediáticas”. Se defiende de haber realizado una película política sino sobre la política y su complejidad”. Y resume la organización del relato en la voluntad de mostrar “todo aquello que hace Carlos dueño de su destino, y todo aquello por lo que no lo es”.

Ilich Ramírez incluso pretendió interponer un recurso ante la justicia para obtener el derecho de ver la película antes de su difusión; derecho que le fue denegado por considerarse contrario a la libertad de expresión. En una entrevista realizada por teléfono desde la celda que ocupa en la prisión de Poissy en donde purga una condena de cadena perpetua, y todavía lo espera otro juicio más por que se le acusa de otros atentados cometidos en Francia entre 1982-83, que publicará el semanario Le Point de esta semana, él desmientes algunas afirmaciones que se hacen en la película, como la operación de la Opep que no le fue encargada por Saddam Hussein, como lo afirman en la película, sino por Mouammar Kadhafi.

El papel de Carlos lo actúa el actor venezolano Edgar Ramírez, que según el director, es el autor ideal pues se adecua al personaje, pues es también venezolano, habla varios idiomas, y se mueve en el vasto mundo de la mundialización al igual que lo hizo Carlos en su época, de allí que renunciara a solicitar para dicho papel a Benicio del Toro o a Javier Bardem.

Pero no es la calidad ni el contenido de la obra lo que ha despertado mi curiosidad, pues aún no se ha proyectado en París, sino los comentarios del realizador y de los periodistas que la han visto en proyección privada. Comentarios que actualizan ese sentido de extrañeza que me embarga cuando escucho opinar sobre América Latina, que dan el sentimiento de que el personaje de Carlos, es un pretexto para expresar su propia historia de izquierdistas desilusionados, hijos del mayo 68 y que hoy monopolizan el panorama mediático francés y América Latina aparece como un simple escenario, desprovista de historia, soporte de fantasmas y de deseos de exotismo. El productor de la película, Daniel Leconte, opina que “Carlos representa el fin de una época del mito revolucionario, el fin de una trayectoria agotada y patética de las ilusiones perdidas.” Olivier Assayas, en una entrevista transmitida por la radio France-Culture,(18 de mayo) mencionó su pasado izquierdista, cuando simpatizaba con el movimiento revolucionario de “América Latina entonces en guerra civil”. Varias veces adujo a la noción de “guerra civil” refiriéndose, a los acontecimientos guerrilleros de los años 1960-70. Transformar las rebeliones de los movimientos universitarios y los intelectuales que pretendieron convertirse en “la vanguardia” del campesinado para desencadenar la “guerra popular revolucionaria” en guerra civil, es incurrir en una visión de una simpleza lamentable, la misma que en los años sesenta les hacía soñar con revoluciones a distancia. Precisamente, quienes desde La Habana obraban para desencadenar guerras civiles, se enfrentaron a poblaciones que rechazaron esa guerra civil fabricada desde la distancia. El mismo panorama que persiste en la actualidad, entre las fuerzas que azuzan la guerra civil y las fuerzas que se le oponen.

Hoy, el personaje de Carlos parecería servir, por su origen exótico, como por su implicación real en los acontecimientos, como un instrumento adecuado para aquellos que fueron los jóvenes revolucionarios franceses de la época, que se nutrieron de deseos de heroicidad distantes e imaginarios, de medio para saldar la cuenta que tienen con esas ilusiones del pasado, que de paso se convierte en una inversión, simbólica y real, de un capital que da dividendos. “Nosotros ponemos los muertos y ustedes hacen la película”, declaró con cierta ira Pompeyo Márquez en una reunión en París cuando alguien le echó en cara el abandono de la lucha armada.

No quita, pese al descontento que ha demostrado Ilich Ramírez hacia la película, que esta superproducción, posiblemente allane su extradición a Venezuela, satisfaciendo así uno de los deseos más fervientes del presidente de Venezuela.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *