Y la guerra nuclear no estalló

Elizabeth Burgos

Lunes, 19 de julio de 2010

En las últimas semanas, a raíz de la crisis suscitada por la cuestión nuclear entre Irán y la comunidad internacional, Fidel Castro ha dedicado sus “Reflexiones” al análisis del panorama actual en el Medio Oriente, abordándolo desde el ángulo que más despierta su entusiasmo: el de la guerra. Llegó a la conclusión de que el mundo se encontraba ante la inminencia de una guerra nuclear, a la que incluso le fijó fecha: la guerra estallaría al termino del último partido de la Copa Mundial de fútbol que se celebraba en Sur África. El último partido tuvo lugar el domingo pasado y por suerte para la humanidad, no estalló la guerra.

Si bien es cierto, que el “Líder Máximo” en los últimos años, aún antes de su enfermedad, comenzó a dar signos de desvarío, que se han acentuado con su enfermedad, los síntomas de demencia senil son perceptibles en su comportamiento, sin embargo, la puesta en escena que ha protagonizado en los últimos días, merece que se intente tratar de comprender el móvil que lo anima.

Tras haber logrado vencer su enfermedad y entrar en un período de convalecencia, Fidel Castro decidió no tener más participaciones públicas, limitándose a recibir la visita de dignatarios oficiales, sus recientes apariciones en lugares públicos, en un corto lapso de tiempo, alguna explicación deben tener puesto que Fidel Castro nunca ha dado un paso sin que responda por lo menos a dos o tres razones.

La primera es que sus apariciones coincidieron con la noticia de la excarcelación de 52 presos de opinión; noticia que copó la primera página de los medios internacionales. Es evidente, que su gesto estaba destinado a quitarle protagonismo al hecho, y en particular, a restarle protagonismo a quien aparecía como, el autor de la decisión: Raúl Castro; y subliminalmente, pese a no haberse referido al hecho, su aparición demostraba que él no era ajeno a la decisión. Pero como cada gesto de Fidel Castro comporta por lo menos, dos o tres motivos, la otra razón, en particular la visita al Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (aunque suene sorprendente, existe aunque no exista la economía en Cuba), tuvo por objeto dar una explicación del por qué la guerra nuclear que había anunciado para el domingo, no había tenido lugar. Y es precisamente en la explicación que aparece con nitidez la demencia que lo aqueja. Hecho que no es nuevo pues quienes lo conocieron desde niño, o desde joven, aluden a sus rasgos dementes, sólo que antes tenía la energía para disimularla, que ahora aquejado por la edad y la enfermedad, toma el rasgo de demencia senil. En su visita al Instituto, presidió una mesa con los investigadores del plantel, allí volvió al tema de la guerra en el Medio Oriente, y a contemplar ese hecho como algo positivo; situado en la postura del visionario que percibe que “Cuando se apague el fuego nuclear, que necesariamente será breve, puede hablarse de la crisis posbélica que vendrá de inmediato”, así lo expresa en un documento que trajo escrito y que le distribuyó a los participantes. El hecho de considerar la posibilidad de una guerra nuclear es factible, pues el hombre ha utilizado hasta ahora todas las armas que ha inventado. El hecho delirante es el de expresarse sobre ese tema como algo, banal, algo deseado y afirmar que: “Sólo de una cosa podemos estar seguros. Cuba esta vez estará lejos de ser atacada con armas de ese tipo, y el resto de América Latina, desde el Norte de México hasta el Cabo de Hornos”. Cuba y América Latina no serán tocadas por las radiaciones nucleares. Y por si fuera poco, predice, que no solamente América Latina estará a salvo, sino que gracias a ello, a América Latina le tocará suministrar las materias necesarias para la sobrevivencia de los “países desarrollados”; se alcanzará una especie de nirvana, de fin de la historia, en la que “…no se podrá hablar de capitalismo o socialismo. Sólo se abrirá una etapa de administración de los bienes y servicios disponibles en esta parte del continente. Inevitablemente seguirán gobernando cada país los que hoy están al frente del gobierno, varios muy cercanos al socialismo, otros llenos de euforia por la apertura de un mercado mundial que hoy se abre para los combustibles, el uranio, el cobre, el litio, el aluminio, el hierro, y otros metales que hoy se envían a los países desarrollados y ricos mercados, que desaparecerán repentinamente.

“En semejantes circunstancias, los productos más elementales que se requieren para vivir: los alimentos, el agua, los combustibles y los recursos del hemisferio al Sur de Estados Unidos, abundan para mantener un poco de civilización, cuyos avances descontrolados han dirigido la humanidad a semejante desastre.” Y continua, afirmando que « se trataría por supuesto, de impulsar una nueva civilización… » Tras esa imagen apocalíptica que predice el fin de la humanidad, o más bien de los países que cuya existencia le desagrada, – se deduce que sobrevivirá América Latina, (semejante patología de narcisismo delirante es difícil encontrar fuera de un hospital psiquiátrico), que reinará sola, conducida Fidel Castro como líder supremo, única en el universo, libre de la impureza del resto de la humanidad -, trae a colación su « error en la Reflexión del 4 de Julio en donde anunciaba el estallido de la guerra, que aprovechando el descuido de la opinión pública ocupada por el Mundial de fútbol, hecho que no tuvo lugar, lo « que habría asestado un golpe irreparable a su credibilidad » y de lo que se percató – siempre muy preciso en las fechas y las horas, para señalar el culpable del error que, por supuesto, no es él – « ayer domingo 11 alrededor de las 11 de la mañana ». El error, según Castro, provino de un funcionario del Ministerio Relaciones Exteriores, encargado de evaluar los documentos que se reciben del exterior, que “por el cansancio se quedó dormido, y copiando a máquina, se salto una frase del documento de las resoluciones de Naciones Unidas en relación a Irán, lo que le “hubiese aclarado que la guerra no era inminente”.

Fidel Castro explicó que le había pedido se “ convocara en esta sede hoy, martes 13 de julio, al grupo de economistas destacados, para reunirme con ellos y rogarles realicen un trabajo de “Ciencia Ficción”-vamos a calificarlo así- a fin de que en los próximos 10 días meditaran y analizaran durante 4 horas diarias sobre estos delicados asuntos, con el propósito de responder a una pregunta: ¿qué deben hacer los países de “Nuestra América” si se produjera una situación como la que en mis palabras entrecomilladas expliqué?” Así funciona la mente de quien está dirigiendo los líderes del eje del Alba, en particular el de Venezuela, que si mal no recuerdo, leyó recientemente una carta enviada por Fidel Castro en donde le anunciaba el estallido de la guerra para que pusiera en guardia al presidente Obama.

Por cierto que el ministro de relaciones exteriores de Irán, de quien se hubiese esperado ahondara en la versión delirante del cubano, le restó fundamento a las predicciones de Fidel Castro.

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